QUIENES SOMOS?

H.I.J.O.S. (Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) es una agrupacion creada en 1.995, a partir de la necesidad de juntarnos, reconociendonos en las historias comúnes, reivindicar la lucha de nuestros padres y sus compañeros, buscar a nuestros hermanos apropiados, luchar contra la impunidad. A más de 15 años seguimos luchando por la cárcel común, perpetua y efectiva para todos los genocidas de la última dictadura militar, sus cómplices, instigadores y beneficiarios.

viernes, 17 de junio de 2011

Otra vez los defensores del Terrorismo de Estado quieren acceder a una banca

Comunicado de Prensa


H.I.J.O.S. (Hijas e Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) quiere hacer público su categórico repudio a la presentación a elecciones de la Lista 185, denominada "La Línea", la misma que hace cuatro años atrás, se hiciera llamar "Partido Reivindicación Histórica y Social" y cuyos miembros se autoproclamaron como "ex combatientes del Operativo Independencia" reivindicando el genocidio perpetrado en esa época.

Dicho partido actualmente y como en el 2007 pretende llegar a las urnas acoplado a la lista oficialista del gobernador José Alperovich. De hecho empapeló la ciudad con diferentes afiches apoyando el 3º mandato del actual gobernador.

El denominado Operativo Independencia", puesto en marcha en febrero de 1975, comandado por Acdel Vilas, primero, y Antonio Domingo Bussi, después, dio inicio a un plan sistemático de violaciones masivas de los Derechos Humanos en la provincia, que luego se extendió al resto del país. Las distintas fuerzas de seguridad, tanto provinciales como nacionales: Fuerzas Armadas, Policías Federal y Provincial, Servicio Penitenciario y Gendarmería Nacional, ejecutaron una secuencia de delitos que consistieron en secuestros, torturas y asesinatos.

El plan sistemático de Violaciones a los Derechos Humanos perpetrado en ese período y en la posterior Dictadura Militar (1976-1983), de ninguna manera constituyó una guerra, sino que fue la excusa para iniciar el aniquilamiento de una parte sustancial de la población argentina, lo que significó la comisión del Delito de Genocidio.

En el 2007 H.I.J.O.S. hizo pública esta misma denuncia y el gobernador calificó a tal acople como un “error”, dando de baja dicho acuerdo político, a poco de realizarse las elecciones que lo consagraron reelecto, ¿esta vez también se trata de un “error”?

O es que el gobernador de nuestra provincia, José Alperovich sigue siendo coherente con su política represiva dándole amparo entre sus filas a quienes directa o indirectamente reivindican el Terrorismo de Estado y los más aberrantes crímenes de lesa humanidad. Precisamente en esta lógica incorporó desde hace años a ex bussistas y funcionarios de la dictadura como Mauricio Guzmán, Sassi Columbres, Baillo, Canevaro y ahora a Miguel Brito y Javier Morof.

Con su lógica de acumulación de voluntades para lograr su tercer mandato, al gobernador Alperovich no le interesan las alianzas políticas que realiza con quienes formaron parte del aparato terrorista de Estado y que hoy, 35 años después, continúan reivindicando sus delitos.

Mientras en todo el país se sustancian juicios contra los responsables del Genocidio, y en cada uno de ellos se reafirma una y otra vez que no existió ninguna guerra sino el Terrorismo de Estado más sangriento que vivió nuestra historia, Alperovich cobija a quienes, en realidad, deberían estar brindando testimonio ante la Justicia de las torturas, secuestros y crímenes cometidos en Tucumán que comenzaron precisamente antes del Golpe de 1976, con el Operativo Independencia. Con sus testimonios podremos quebrar el pacto de silencio de las fuerzas armadas y parte de la sociedad civil, y así reconstruir el destino final de nuestros desaparecidos y hallar a nuestros hermanos apropiados.

La lista 185 que pregona “soldado no pidas perdón por defender a la patria” hace apología del delito y reivindica el Genocidio, las desapariciones, los secuestros de mujeres embarazadas, la tortura y los asesinatos.

Nosotros tampoco queremos que pidan perdón, Nosotros exigimos Justicia.


NO OLVIDAMOS - NO PERDONAMOS - NO NOS RECONCILIAMOS
JUICIO Y CASTIGO
H.I.J.O.S. Tucumán en la Red Nacional
16 años de lucha

lunes, 23 de mayo de 2011

El valioso testimonio de los ex conscriptos en los juicios

Carlos Tomás Macedra logró mantenerse en el anonimato durante 35 años. Ex conscriptos que declararon en la causa de Campo de Mayo lo identificaron como el asesino de Florencia Villagra y el secuestrador de Gustavo Cabezas, y fue detenido. El relato desde adentro.
Por Victoria Ginzberg


El 10 de mayo de 1976, Gustavo Alejandro Cabezas y Florencia María Villagra estaban repartiendo panfletos en una plaza de Martínez cuando fueron abordados por un grupo de la Sección Segunda de la Compañía Demostración de la Escuela de Comunicaciones de Campo de Mayo a cargo del teniente primero Carlos Tomás Macedra. A Gustavo lo subieron a un auto y se lo llevaron. Florencia logró desprenderse del soldado que la sujetaba y empezó a correr. Recibió un disparo en la espalda y murió. El relato del hecho figura en la declaración de José Luis Aguas, que en ese momento era un conscripto. Aguas vio y sintió cómo ella se apagaba. La agonía duró un minuto. Hasta que dejó de respirar. Al rato llegó la policía. Un agente se acercó, se agachó al lado del cuerpo e intentó sacarle el reloj y una cadenita. Aguas le mostró la pistola. “Si la tocás, te mato”, lo amenazó.

Macedra está preso. Fue arrestado hace diez días. Había logrado pasar desapercibido durante 35 años. Su nombre no figuraba en la lista de represores denunciados por los organismos de derechos humanos. No fue reconocido por los sobrevivientes, pero ahora fue mencionado por los conscriptos que están declarando en la causa en la que se investigan los crímenes cometidos en Campo de Mayo. Estos nuevos testigos permitieron acceder a datos y responsables hasta ahora ocultos y, en este caso, reconstruir en detalle el operativo en el que se secuestró a Gustavo Cabezas y se asesinó a Florencia María Villagra.

Los dos jóvenes fueron interceptados el 10 de mayo de 1976 por un grupo de uniformados en la plaza de Martínez. Eso lo narró el mismo día del hecho José Carballo, que estaba con los chicos mientras repartían o pegaban unos volantes alrededor de la plaza. Carballo, que desapareció el 3 de junio de ese año, logró evadir la patrulla del Ejército y fue a la casa de Thelma Jara de Cabezas –la mamá de Gustavo– a avisar que se habían llevado a sus compañeros.

Aguas relató ante el tribunal que abordaron a Gustavo y Florencia porque mientras patrullaban por la zona su jefe los identificó como “sospechosos”. “El chico era joven, no tendría 18 años, de pelo medio largo, de tez blanca. Y la chica de la misma edad, muy bonita de cara, tenía una campera de jean tipo Lee. Macedra los separa y comienza a interrogar. Estaban muy nerviosos y lo que decían no coincidía”, narró Aguas.

–Estos hijos de punta algo traen, fijate debajo de los autos si hay panfletos o algo que hayan tirado por ahí –le dijo Macedra a Aguas.

El conscripto vio pegatinas en algunas fachadas que hablaban de una reunión universitaria o política. Cuando miró debajo de los autos, vio una bolsa pequeña, pero intentó disimular. Debajo del camión había otra que Macedra también vio, así que no la dejó pasar. El jefe le dijo que la levantara y volviera a la plaza.

Gustavo y Florencia estaban rodeados por soldados. Macedra sacó su 45, le pegó al joven en la cabeza y le dijo: “Hijo de puta, vas a cantar todo lo que sabés”. Los conscriptos se sorprendieron, se quedaron “pasmados” (en palabras de Aguas). El chico sangraba. Lo subieron a la camioneta boca abajo. Florencia logró zafarse de la persona que la estaba sujetando y salió corriendo. Avanzó treinta o cuarenta metros, hasta que Macedra sacó su pistola y gritó: “Parate o te mato”. Tiró dos disparos hacia arriba. El tercero fue hacia el centro de la espalda de la chica, que cayó al piso. Dos soldados, que venían corriendo desde la camioneta, se quedaron paralizados a unos quince metros de Florencia. Aguas se acercó al cuerpo. Florencia jadeaba. El charco de sangre era grande.

El soldado le dijo a Macedra que estaba viva y que había que llamar a una ambulancia. “No, dejá, yo sé dónde le pegué”, fue la respuesta. Aguas se quedó a su lado mientras agonizaba e impidió que un policía rapiñara el cadáver. No vio qué pasó con Gustavo. Un compañero le dijo que lo habían subido a un patrullero.

Cuando llegaron al cuartel, los conscriptos comentaron entre ellos lo que había pasado. Los que se habían quedado dijeron que lo habían escuchado por radio. Que lo habían informado como un enfrentamiento. Los que acababan de llegar aseguraron que no había sido así. Era de madrugada y se fueron a dormir. A las seis de la tarde, Macedra juntó a todo el grupo. “Quiero que sepan que matar a una persona no es nada grato, yo también estoy mal por el hecho sucedido, pero gracias a las declaraciones del detenido hemos encontrado esta bandera y en un domicilio un polígono de tiro”, les dijo y desplegó una bandera del ERP. (Gustavo y Florencia militaban en la Unión de Estudiantes Secundarios, UES, vinculada con Montoneros). Los soldados se mantuvieron en silencio. Macedra agregó: “Ustedes vieron que me tuve que defender, pues me disparó con el treinta y ocho que llevaba en su cartera”. Y se fue. Los conscriptos coincidieron en que lo que decía Macedra no era cierto, pero que era la versión que debían dar para no tener problemas si alguien preguntaba. Muchos estaban nerviosos y no querían salir a patrullar nunca más.

Una colimba particular

“Con esta declaración y la detención de Macedra queda comprobada la importancia de los testimonios de los que hicieron la conscripción en aquellos años. Demuestra que los oficiales y su-boficiales van presos. Tanto los querellantes como los familiares de las víctimas creemos que los conscriptos no tenían más opción que estar ahí, ellos no tienen responsabilidad, incluso hay colimbas desaparecidos, pero necesitamos que se acerquen para que nos ayuden a saber qué pasó con nuestros familiares”, dijo a Página/12 Daniel Cabezas, hermano de Gustavo, que impulsa junto con abogados y familiares de desaparecidos en Campo de Mayo una campaña para que los ex conscriptos se presenten como testigos. A diferencia de la ESMA, en Campo de Mayo hay pocos sobrevivientes y el relato de los ex soldados obligados puede revelar nombres de represores desconocidos o detalles sobre el destino de las víctimas, como en este caso.

Durante su declaración, Aguas narró que entró al Servicio Militar a principios de 1976. Fue destinado a la Escuela de Comunicaciones con asiento en Campo de Mayo y luego al Arsenal Esteban De Luca, en Boulogne. Apenas llegado, le informaron que habría un golpe de Estado. Le enseñaron a entrar en viviendas y desplazarse en patrullas por la ciudad. Golpeaban domicilios, revisaban personas, entraban a hoteles transitorios de la Panamericana, entre otras cosas. “Una vez –contó– se detuvo a una persona porque no tenía documentos y así fue que se detuvo a varias, que eran trasladadas a la comisaría de Boulogne. Casi siempre era a esa comisaría y muy rara vez a la de San Isidro y José León Suárez. Cuando pasábamos por las comisarías dentro del patrullaje, algunos policías decían que alguna persona que habíamos detenido, que no era nadie en especial, no la veríamos más. Primero creí que era una bravuconada, pero después nos dimos cuenta, cuando de- saparecieron dos compañeros de comando y servicios, cuyos nombres no recuerdo, que aquello podía ser cierto.”

Aguas reveló que durante uno de esos “patrullajes” Macedra violó a una chica que había detenido en un “control de autos”. Que él y sus compañeros estuvieron como “grupo de apoyo” en un operativo en la zona de Martínez donde murieron dos personas y que también los llevaron a un sitio donde, según les dijeron, estaba escondido Mario Roberto Santucho, el líder del ERP. Allí se limitaron a mirar, pero “cuando terminó el hecho un grupo de soldados que actuó ingresó a la casa y cuando salían, muchos de ellos vomitaban. Se rumoreaba que en el lugar se encontró un matrimonio, un bebé y otra chica más. Los soldados se preguntaban qué grupo de extremistas estábamos buscando si era una familia”.

El testigo no tuvo contacto con los sitios que, dentro de Campo de Mayo, fueron usados como centros clandestinos de detención. No vio tampoco a secuestrados pero aclaró que cuando hacían guardia, nadie quería que le tocara el puesto 6 porque desde ese lugar se escuchaban gritos de lamentos y de personas que pedían ayuda.


jueves, 19 de mayo de 2011

CAIN

Por Miguel Angel Molfino *


La primera noche que siguió al crimen que cometiera contra su hermano, Caín quiso descansar, y así lo hizo. Se arrebujó en una piel de cabra y durmió. Soñó que volaba, como las aves, y su vuelo era bueno. Vieron sus ojos la tierra, allá abajo, y deseó arrojarle una piedra. Su mano poseía mano de piedra, quitóse entonces la mano y dejó que cayera sobre los campos. Cuando su mano golpeó sobre la tierra, un gran resplandor borró el sol, y como empujado por un trueno empezó a crecer un gigantesco hongo de humo, sangre y llanto. Escuchó su voz pronunciando una palabra desconocida: “Hiroshima”. Caín despertó sobresaltado y empapado en sudor.

“Sigo creyendo que el mío fue uno de los mayores aportes a la paz” (Paul W. Tibbets, piloto del B-29 de la Fuerza Aérea de EE.UU que arrojó la bomba atómica sobre un blanco poblado. Hiroshima, 6 de agosto de 1945).

“Los rayos térmicos atravesaron todas las capas de la piel: tanto la grasa como los fluidos del cuerpo se evaporaron y dañaron los intestinos. La piel se desprendía como la cáscara de una papa hervida” (Historia Cínica proporcionada por el Hiroshima Genbaku Irioshi).

El amanecer fue rojizo y desapacible. Caín se irguió y contempló el llano vacío. Temió a un sueño y lo desechó. Tenía hambre y sed. Cuando la luz del sol fue pareja sobre la tierra, Caín apretaba un pájaro en su mano. Lo apoyó sobre la húmeda arenilla, y hundiendo sus poderosos dedos en la pechuga del ave, desgarró la carne emplumada. Comió de ella cuanto pudo y dejó los restos dispersos.

Eligió un punto cualquiera del horizonte y echó a andar en el desierto. Caín, a poco de reiniciar su camino, divisó en la lejanía algo que parecía un campamento extenso, reverberando entre el polvo.

Encontrándose ya a pocos metros alcanzó a ver un cartel de hierro negro y oxidado, arriba, como frontispicio, en el que se leía: arbeit macht frei (El trabajo os hará libres).

Las construcciones pobres, de madera, traían olores a carne podrida. Una enorme mancha de ratas se movía con celeridad, chillando, arrastrando un dedo humano o la oreja de un niño. Aterrorizado, sin comprender, Caín lanzó un alarido. Y su grito pareció reavivar el chillido de las ratas. Temblando, su mirada reparó en un cartel que decía: Auschwitz.

“Un SS alza a un pequeño por los pies y lo arroja al aire mientras otro tira sobre ese blanco viviente. Más allá, un SS arranca un bebé de los brazos de su madre y lo desgarra en dos, sujetándolo de una pierna y manteniendo la otra bajo su pie.” (Testimonio de un sobreviviente del campo de exterminio de Auschwitz.)

Caín grita, teme la noche que llegará, que ya se insinúa detrás de las piedras.

Hace frío, Caín se envuelve en la piel de cabra. Penosamente se duerme. Sueña con hombres amarrados y sus ojos tapiados por trapos sanguinolentos. Todo es oscuro. Se escuchan gemidos, los trae el viento de la madrugada, hay ayes y respiraciones agónicas. Hay sombras que se mueven. De esas sombras brotan truenos, fuego y más dolor. Los hombres maniatados gritan, se retuercen y caen. Caín trata de alejarse de la escena, pero no puede. Entonces logra palabras desconocidas para él. Dice: Margarita Belén. El 17 de mayo de 2011 fue un luminoso día de Justicia. Ocho responsables directos de la Masacre de Margarita Belén fueron condenados a cadena perpetua en cárcel común. Se esperaron 35 años. La Historia y la Justicia suelen ser pacientes. Aún faltan hallarse cuatro fusilados desaparecidos e identificar a la totalidad de los genocidas que integraron el grupo.

* Escritor y periodista chaqueño. Su último libro es Monstruos perfectos.

LA MASACRE DE MARGARITA BELÉN TUVO SU CLARO DÍA DE JUSTICIA

Fallo histórico en Chaco:
condenaron a genocidas de la Masacre de Margarita Belén


El Lunes fue otro día histórico: el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Resistencia condenó a prisión perpetua a ocho genocidas de la Masacre de Margarita Belén por 11 homicidios y 4 secuestros, cometidos en la madrugada del 13 de diciembre de 1976.

Esa noche, 22 presas y presos políticos que estaban detenidos en la alcaidía policial de Resistencia fueron fusilados por personal de la VII Brigada del Ejército, a cargo del general Cristino Nicolaides, en las cercanías de la localidad de Margarita Belén. Antes de la ejecución, fueron torturados de manera brutal. Algunos de los hombres fueron castrados y varias mujeres violadas. La versión oficial sostuvo que las víctimas habían muerto a causa de un enfrentamiento con “delincuentes subversivos”, mientras eran trasladadas a la unidad penitenciaria Nº 10 de Formosa.

Los represores condenados son los ex militares Horacio Losito, Luis Alberto Patetta, Aldo Martínez Segón, Jorge Carnero Sabol, Athos Rennes, Ricardo Reyes, Germán Riquelme y Ernesto Simoni. Desde H.I.J.O.S. exigimos que las condenas sean cumplidas en cárcel común. El ex policía Alfredo Chas fue absuelto por falta de pruebas suficientes, pero está condenado por todo el pueblo por asesino.

A más de 34 años de la Masacre, los jueces impartieron justicia por los compañeros: Patricio Blas Tierno, Néstor Carlos Sala, Carlos Zamudio, Luis Ángel Barco, Roberto Yedro, Delicia González, Luis Díaz, Fernando Piérola, Raúl Caire, Julio Pereyra, Carlos Alberto Duarte, Carlos Tereszecuk, Manuel Parodi Ocampo, Luis Arturo Fransen, Ema Beatriz Cabral, Soñéz Reinaldo Zapata, Mario Cuevas y los cinco compañeros que todavía no pudieron ser identificados. Todavía hay familiares que siguen buscando los restos de las víctimas.

Esta sentencia es histórica y puso fin a la impunidad de uno de los hechos más emblemáticos de la última dictadura cívico-militar. Era una de esas masacres que se sabían en todo el pueblo, pero la Justicia no condenaba. Hasta hoy.

Este fallo nos alienta a seguir luchando por más Juicio y Castigo a los genocidas. Se está empezando a avanzar también sobre la complicidad de los civiles en el genocidio, participación absolutamente necesaria para cometer los crímenes de lesa humanidad. Exigimos que se avance en este sentido, profundizando la lucha emprendida por todos nosotros desde hace tantos años.

Este día quedará marcado para siempre en la historia, porque una vez más demostramos que la mentira no es eterna, que la verdad triunfa, que la impunidad se puede terminar y que la Justicia es necesaria y reparadora.


30.000 COMPAÑEROS DETENIDOS-DESAPARECIDOS

PRESENTES!!

AHORA Y SIEMPRE!!


H.I.J.O.S. Tucumán en la Red Nacional

miércoles, 6 de abril de 2011

ROBO DE BEBÉS: continua el Juicio por el plan sistemático de apropiación de hijos de desaparecidos

EL PABLO DIAZ DIO SU TESTIMONIO AYER EN LA CAUSA SOBRE EL PLAN SISTEMATICO PARA APROPIARSE DE HIJOS DE DESAPARECIDOS. Por Alejandra Dandan
PARIR EN EL POZO DE BANFIELD

Acababan de preguntarle si para los guardias la situación de las embarazadas podía pasar inadvertida. Pablo Díaz dijo que no. Que a tal punto no pasaban inadvertidas que a ellos, que eran los más chicos, los secundarios de 15 o 16 años, les dieron el trabajo de cuidarlas. “Y una vez, (el médico represor Jorge) Bergés entró diciéndoles a los guardias que respondan a nuestros llamados, que las embarazadas en el centro clandestino eran como las ‘joyas de la abuela’.” Pablo Díaz llevaba tiempo en el Pozo de Banfield, en una celda a la que por sus dimensiones no se atreve ni siquiera ahora a nombrarla así. Permanecía tirado en el piso. Había sido secuestrado en la madrugada del 21 de septiembre de 1976, a pocos días de otros estudiantes secundarios de La Plata, lo que después se recordó como La Noche de los Lápices. Pasó por el pozo de Arana y después por ese espacio que reconoció años más tarde, en Banfield, donde no le hicieron más interrogatorios porque los que estaban ahí sólo esperaban el turno para morir. Ayer volvió a contar su historia ante el Tribunal Oral Federal 6, esta vez a la luz del juicio por el plan sistemático de robo de bebés. En los Tribunales de Retiro habló de tres embarazadas de las que supo o con las que tuvo contacto, entre ellas Gabriela Carriquiriborde, a quien pusieron en su celda a comienzos de diciembre de 1976 hasta que llegó el momento del parto. “Cuando cerraron la puerta lo primero que vi fue esa figura muy chiquita, casi de mi edad, de 21 o 22 años, con vendas y sogas que le colgaban –dijo Pablo–. Me habían dado los trapos para que la limpie. Le salía líquido de la vagina. Ella se limpiaba y me daba los trapos. Y cuando venían los guardias, les pedía que me los cambien para seguir limpiándola.” Estaban en el último piso del centro clandestino. Hasta entonces, Pablo había permanecido todo el tiempo atado, las manos en la espalda, la venda que al comienzo era un pulóver a esa altura eran algodones apretados con una cinta elástica. Comía una vez cada tanto. En 90 días se bañó dos veces. Hacía mucho calor, estaban desnudos, los guardias les robaban las ropas. El miedo le impidió hablar en voz alta durante los primeros quince días de su estadía en el centro. Cuando lo hizo, preguntó en voz alta por los que estaban ahí. Empezó a darse cuenta de que estaban muchos militantes de la UES, entre ellos Claudia Falcone, ubicada en la celda de atrás, del otro lado de la pared. Cuando Gabriela entró a su celda supo que en algún lugar estaba su marido: “Estoy con mi esposo, llamalo por favor”, me dice. –¡¡Jorge!! ¡¡Jorge!!” Dijo Pablo, y alguien contestó. –¡Yo estoy con Gabriela, tu esposa! ¡Y voy a cuidarla! Pablo nunca vio a Jorge, aunque varias veces hablaron a la distancia. Tenía que limpiar a Gabriela y darle de comer. Bergés le había dicho que golpeara las puertas cuando empezaran las contracciones. Que llamara inmediatamente a los guardias. Como Pablo no sabía qué eran las contracciones, preguntó a la cadena de voces: “¿Cuándo empiezan? ¿Cómo nos damos cuenta?” “De pronto empecé a golpear la celda porque Gabriela decía: ‘¡Ahí viene mi hijo! ¡Viene mi hijo!’. Yo me asusté. Todos nos desatamos, y empezamos a golpear las puertas porque le venía el hijo, porque lo quería tener”. La guardia también gritó. “Yo estaba sin la venda, entraron, me tiran contra la pared, yo ya no caminaba; estaba casi arrastrándome, me tiraron y me dijeron: ‘Vos vendate’.” En ese momento, sacaron a Gabriela arrastrándola en algo con ruido a chapa. Alguno gritaba: ¡Llamen al doctor! ¡Llamen a la Jefatura! ¡Llévenla a la sala de parto! “Yo le seguía gritando a Gabriela que se calme, y en un momento, cuando la iban a bajar se cae de la chapa y hace ruido, la guardia se pone como loca: ¡Nos van a matar a todos si le pasa algo!” La fiscalía y las querellas buscaron que Pablo diera cuenta de la sistematicidad de esas prácticas. Ahí encontró sentido la frase sobre “las joyas de la abuela”. O las medidas de precaución que los guardias tomaban con las embarazadas. O un testimonio de Bergés en el que les dice a los guardias que si quieren divertirse usen a las chicas, pero que no toquen a las embarazadas. O los datos sobre el área de partos que funcionaba en el lugar. La defensa intentó argumentar que Bergés era quien tomaba las decisiones sobre esas mujeres y sus cuerpos. Cuando el ruido pasó, terminó el relato Pablo, de pronto se hizo un silencio: “Todos nos quedamos como llorando, y al rato escucho el llanto de un bebé”. Cuando volvieron los guardias, les preguntaron qué había pasado. “Nos dijeron que nos quedáramos tranquilos: ‘La vamos a llevar a una granja. ¡No saben lo que es la granja! ¡Está bárbara! ¡Ahí tienen de todo, es lo mejor que les podía pasar!’ Así que brindamos –dijo Pablo–, nos pusimos contentos: y nunca más volvimos a saber de ellos”. Durante el tiempo que estuvo con Gabriela, Pablo supo poco de su vida. “No hablábamos de eso –dijo–, ella me decía: ‘Pablo, vas a ser el padrino’”. Jugaban. Gabriela le agarraba la mano y la ponía en la panza. “Decile a Jorge que lo escuchás”, le pedía. Y entonces Pablo volvía al juego de las voces: –¡Jorge, lo escucho! –¡Está latiendo! -¡Se está moviendo! Y Jorge respondía: Cuidala, decía. Limpiala. Después del parto, dejó de escuchar a Gabriela, al niño, pero también dejó de escuchar a Jorge. “De repente no tengo más registro, ni su voz ni su presencia.” Seis días después, una embarazada llegaba a la celda de otra prisionera. Era Stella Maris Montesano de Ogando, que en esos días dio a luz a su hijo, pero en su caso volvió al pabellón. Estaba infectada, le habían dicho que se llevaban a su hijo a un lugar para que pudiera estar mejor, y le dejaron el cordón umbilical. “¡No puede ser!”, le decía Pablo a Claudia pared de por medio. Stella Maris tenía una infección que ni siquiera estaba revisando el médico represor. Dos días antes de Navidad, entró una nueva parturienta. En este caso la llevaron a la celda de Claudia Falcone. Era Cristina Navajas de Santucho, Pablo Díaz la vio de filón el día en el que dejó el centro clandestino, el 26 de diciembre de 1976, cuando les pidió a los guardias despedirse de Claudia Falcone. “Me ponen enfrente de Claudia, cuando cierran la puerta me levanto el pulóver y la veo desnuda, atada y ahí es cuando me dice que nunca iba a poder ser mujer porque la habían violado... teniendo 16 años.” Pablo pasó dos meses más como desaparecido antes del blanqueo en la Unidad 9 de La Plata. Tiempo después entendió qué significaba la palabra desaparecido, cuando envió a una de sus hermanas a la casa de los Falcone, intentando avisarle a Claudia que él no estaba libre sino que seguía detenido.

NI OLVIDO NI PERDÓN

martes, 1 de marzo de 2011

LADRONES DE BEBÉS: Comenzó el juicio por el plan sitemático de robos de niños en la dictadura

Por Alejandra Dandan para Pagina 12
Las cámaras lograron durante el desarrollo de la audiencia lo mismo que la jueza María del Carmen Roqueta había conseguido en los primeros momentos del juicio: mostrar a los represores en un primer plano incómodo mientras se iban leyendo uno a uno los 34 casos de hijos nacidos en cautiverio o apropiados durante los años de la dictadura militar. Roqueta nombró al comienzo a los ocho acusados, a los que fue llamando por su nombre; cada uno respondió, en algún caso hubo quien se paró de la silla o levantó la mano para mostrarse. Entre ellos, dos de los ex presidentes de facto, Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone. Las cámaras del Incaa luego los siguieron de cerca. Casi sin respiro, mostraron el cabeceo con el que Videla parecía esconderse detrás de vaya a saberse qué sueño y a Bignone asaltado repentinamente por planos cortos después de los cuales cambiaba incómodamente la posición de sus piernas, su único espacio de libertad.

El juicio oral que finalmente comenzó en los tribunales de Comodoro Py tuvo como punto de origen una denuncia del 30 de diciembre de 1996 de Abuelas de Plaza de Mayo, impulsada por Estela de Carlotto y María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani que ayer, pese a su ceguera y al estado de salud, se aproximó para estar presente con sus anteojos oscuros en este comienzo de juicio. Pese a haber quedado excluida del alcance de las leyes de impunidad, la causa conocida como el Plan sistemático de robos de bebés recién empieza a cerrarse con dos de sus principales acusados, como Emilio Massera y Cristino Nicolaides, muertos. Abuelas había impulsado aquella primera denuncia, entre otros delitos, por sustracción y ocultación de menores, ese aspecto de la represión ilegal que ayer se nombró como la “Cuestión de los niños”, una de las dimensiones de la dictadura urdida por las Fuerzas Armadas durante la marcha para “solucionar” de modo sistemático el problema de los menores que nacían en cautiverio o habían sido secuestrados con sus padres.

Entre los acusados, además de Videla y Bignone, están Antonio Vañek; Jorge Eduardo “El Tigre” Acosta, Santiago Omar Riveros, Rubén Oscar Franco y como autores materiales Juan Antonio Azic y el médico Jorge Luis Magnacco.

Tras ese comienzo, el TOF dio paso a la lectura de la acusación de la fiscalía de primera instancia, uno de los protocolos de toda apertura de juicio, pero que en este caso mostró ante la sala el interior de las maternidades clandestinas con la fuerza de la letra descarnada, quizá potenciada por la presencia de muchos de esos hijos de aquellos padres asesinados o desaparecidos por la dictadura, presentes metros atrás, entre el público de la sala.

“Es verdad que del examen del plan original no se advierte una dimensión que contemple la ‘cuestión de los menores’, pero justamente ese tópico emergió ‘durante’ de la represión –recapituló una de las secretarias–. Y por eso se improvisaron verdaderas ‘maternidades’ ubicadas en sitios estratégicos para responder a una cuestión natural: los embarazos de las detenidas y, más aún, se establecieron criterios de ‘asignación’ de los menores.”

La acusación de la elevación a juicio elaborada por el fiscal Federico Delgado fue así el punto de partida de un proceso por el que pasarán en los próximos ocho meses unos 370 testigos. La acusación intentó plantear el desarrollo de las maternidades clandestinas como una práctica sistemática. Mostró el montaje, describió los cuartos donde se instaló a las embarazadas, las vendas con las que les cubrían los ojos, las horas que algunas pudieron permanecer con sus hijos, pero además el robo y reubicación de esos niños y la aniquilación casi en todos los casos de sus padres. Una dimensión del plan general de la represión que la fiscalía en su momento presentó como “el gran secreto del ‘Proceso de Reorganización Nacional’”: “Ese plan tenía un fin –se recordó–: penetrar en todas las esferas de la sociedad civil para ‘normalizar’”, y “normalizar era redefinir a los sujetos conforme un elaborado ‘tipo ideal’: a la reformulación del otro que era su negación, no había alternativa, se ‘era como se debía ser’, o ‘no se era’”. Y es para eso “que se edifica el criterio para ‘asignar’ a los niños nacidos en cautiverio, había que cortar sus lazos de sangre para que ‘sean’ conforme al imaginario social que subyacía al régimen político”.

ESMA

1. Hijo de Patricia Julia Roisinblit y de Rodolfo Pérez Rojo: Patricia dio a luz el 15 de noviembre de 1978. En junio de 2004 se determinó que Guillermo Francisco Gómez es hijo de Patricia Roisinblit.

2. Hija de María del Carmen Moyano de Poblete y de Carlos Poblete: María del Carmen dio a luz en junio de 1977. Fue “trasladada” con destino desconocido.

3. Hijo de Liliana Clelia Fontana Deharbe y de Pedro Fabián Sandoval: Liliana Clelia dio a luz entre diciembre de 1977 y febrero de 1978. A Alejandro Sandoval se le restituyó su identidad en julio de 2006.

4. Hija de María Hilda Pérez de Donda y de José María Laureano Donda: María Hilda dio a luz en agosto del ’77. En septiembre de 2004 se determinó que su hija es Victoria Donda.

5. Hijo de Ana de Castro y de Hugo Alberto Castro: Ana dio a luz en junio del ’77 y luego fue “trasladada”, desconociéndose su destino.

6. Hija de Susana Leonor Siver de Reinhold y de Marcelo Reinhold: Susana estaba en la ESMA pero en enero de 1978 la llevaron al Hospital Naval. Nació por cesárea una niña a quien llamó Laura. La niña sigue desaparecida.

7. Hija de Miriam Ovando y de Raúl René De Sanctis: Miriam dio a luz a un bebé en el mes de julio de 1977 en la ESMA, desconociéndose el destino.

8. Hijo de Liliana Carmen Pereyra y de Eduardo Cagnola: Liliana estuvo en la Base de Buzos Tácticos de Mar del Plata y fue “trasladada” a la ESMA, donde dio a luz en febrero de 1978. El hijo está desaparecido.

9. Hijo de María Graciela Tauro y de Jorge Rochistein: María Graciela dio a luz en setiembre de ’77. Ambos se encuentran desaparecidos.

10. Hija de Susana Beatriz Pegoraro y Rubén Santiago Bauer: dio a luz en diciembre de 1977 y luego fue “trasladada” con su beba a un destino desconocido.

11. Hijo de Alicia Elena Afonsín de Cabandié y de Damián Abel Cabandié: Alicia Elena estuvo en El Banco y luego en el Club Atlético. En febrero de 1978 fue “trasladada” a la ESMA, donde tuvo a un varón en el mes de marzo de 1978 a quien le dio el nombre de “Juan”. El niño fue retirado a los pocos días de nacido. El 23 de enero de 2004 se confirmó como hijo a quien hoy es Juan Cabandié.

12. Hija de Silvia Dameri y de Orlando Antonio Ruiz: Silvia dio a luz a Laura, entre los meses de septiembre de 1980 y enero de 1981. En febrero de 1999, la niña recuperó su identidad.

Campo de Mayo

13. Hijo de Norma Tato y de Jorge Casariego: Norma dio a luz asistida por otra detenida médica conocida como “Yoli”. Permaneció 24 horas con su niño. Ambos están desaparecidos.

14. Hijo de Silvia Mónica Quintela Dallasta y de Abel Pedro MadariagaSilvia: Mónica dio a luz a fines de julio o principios de agosto de 1977. Su hijo fue restituido el año pasado.

15. Hijo de Rosa Luján Taranto y de Horacio Antonio Altamiranda: Rosa estuvo en El Vesubio y fue derivada al Hospital Militar de Campo de Mayo, donde en agosto o septiembre de 1977 dio a luz. El niño permanece desaparecido.

Pozo de Banfield

16. Hija de María Eloísa Castellini y de Constantino Petrakos: María Eloísa dio a luz alrededor del 10 de abril de 1977. Ambas están desaparecidas.

17. Hijo de Stella Maris Montesano y de Jorge Oscar Ogando: Stella Maris dio a luz en diciembre de 1976 a “Martín”. Ambos están desaparecidos.

18. Hijo de Gabriela Carriquiriborde y de Jorge Orlando Repetur: Gabriela dio a luz en diciembre de 1976, desconociéndose el paradero de ambos.

19. Hija de Aída Cecilia Sanz Fernández y de Eduardo Gallo Castro: Aída dio a luz el 27 –o 31– de diciembre de 1977 a quien llamó Carmen. En junio de 1999 se determinó que María de las Mercedes Fernández era en realidad María de las Mercedes (“Carmen”) Gallo Sanz.

20. Hija de María Asunción Artigas Nilo de Moyano y de Alfredo Moyano: El 25 de agosto de 1978 nació Verónica Leticia. La niña permaneció a su lado por unas horas. Fue recuperada en enero de 1988.

21. Hijo de Yolanda Iris Casco Ghelpi y de Julio César D’Elía Pallares: Nació en diciembre de 1977 o principios de enero de 1978. En enero de 1995 se estableció que Carlos Rodolfo De Luccia era Carlos D’Elía Casco.

22. Hija de Mónica Sofía Grinspon y de Claudio Logares: Paula Eva Logares fue secuestrada el 18 de mayo de 1978 a los 23 meses de edad con sus padres en Uruguay. Los padres fueron “trasladados” al Pozo de Banfield, previo paso por la Brigada de Investigaciones de San Justo. La niña fue separada. Finalmente se la identificó en junio de 1984.

23. Hijo de Inés Beatriz Ortega de Fossati y de Rubén Leonardo Fossati: Inés dio a luz a Leonardo, que fue separado un día después. El 11 de agosto de 2005 se confirmó que Leonardo Fossati es hijo de Ortega y Fossati.

Otros

24. Hija de Elena De la Cuadra y Héctor Carlos Baratti: Elena dio a luz a Ana Libertad el 16 de junio de 1977 en un calabozo de la Comisaría 5ª de La Plata. Nunca más se supo de ella.

25. Hijo de Laura Estela Carlotto y de Horacio Fontán: Laura Estela fue llevada el 25 o 26 de junio de 1978 de La Cacha al Hospital Militar Central, donde dio a luz a Guido. Estuvo con el bebé por cinco horas, fue separada de su hijo. Permanecen desaparecidos.

26. Hija de María Elena Isabel Corvalán y de Mario César Suárez Nelson: María fue alojada en la Cacha y a fines de junio de 1977 fue “trasladada” para dar a luz a Lucía, de quien fue separada.

27. Hijo de Sara Rita Méndez Lompodio y de Mauricio Gatti Antuña: A Sara la secuestraron con su hijo de 20 días Simón Antonio Riquelo. A ella la llevaron a Orletti y de él no tuvo más noticias hasta marzo del año 2002, cuando recuperó su identidad.

28. Hija de María Claudia García Iruretagoyena y de Marcelo Gelman: María Claudia estuvo secuestrada en Orletti. Estaba con un embarazo de siete meses y su hija nació entre el 20 de octubre y el 11 de noviembre de 1976. En junio de 2000 se identificó a Macarena Gelman como su hija.

29. Hija de María Emilia Islas Gatti y de Jorge Roberto Zaffaroni Castilla: Mariana Zaffaroni fue secuestrada el 27 de septiembre de 1976 con sus padres. Todos estuvieron en Orletti. Luego la niña fue separada. Los padres se encuentran desaparecidos. Daniela Romina Furci fue reconocida en julio de 1991 como Mariana Zaffaroni Islas.

30 y 31. Hijos de Victoria Grisonas y de Roger Julien: Anatole y Eva Julien Grisonas fueron separados de su madre el 26 de septiembre de 1976 y trasladados a Orletti. Fueron abandonados y sin documentos en la plaza O’Higgins de la ciudad de Valparaíso, Chile, el 26 de diciembre de 1976.

32. Hija de Hilda Ramona Torres y de Roque Orlando Montenegro: Hilda Victoria Montenegro fue secuestrada en febrero de 1976 y separada de sus padres cuando tenía 13 días, desconociéndose el lugar donde fue derivada. En julio de 2000 se determinó que María Sol Tetzlaff Eduartes era en realidad Hilda Victoria Montenegro.

33. Clara Anahí Mariani (hija de Diana Esmeralda Teruggi de Mariani y de Daniel Mariani). Clara Anahí tenía tres meses cuando fue separada de su madre, el 24 de noviembre de 1976. Continúa desaparecida.

34. Hija de Gertrudis Marta Hlaczik y de José Liborio Poblete: Claudia Victoria Poblete fue secuestrada cuando tenía 8 meses con su madre en 1978. En diciembre de 1999 se estableció que Mercedes Beatriz Landa era Claudia Victoria Poblete Hlaczik.
NO OLVIDAMOS
NO PERDONAMOS
H.I.J.O.S. Tucumán

viernes, 18 de febrero de 2011

EL ÚNICO LUGAR PARA UN GENOCIDA ES LA CÁRCEL

URGENTE!!!
La vergonzosa Cámara de Casación Penal manda a la casa a los únicos 2 genocidas que estaban en Villa Urquiza.

COMO A LOS NAZIS LES VA A PASAR, A DÓNDE VAYAN LOS IREMOS A BUSCAR!!




NI OLVIDO - NI PERDÓN

Genocidas condenados, de Villa Urquiza a sus casas

Comunicado de Prensa

Desde Tucumán queremos manifestar nuestro más enérgico repudio ante la resolución tomada por la Cámara de Casación Penal, la que con una rapidez inusual, revocó el cumplimiento de las condenas en CARCELES COMUNES de los genocidas Roberto “el tuerto” Albornoz y Luis Armando De Cándido, concediéndoles el beneficio de irse a sus casas a cumplir con sus sendas condenas por crímenes de lesa humanidad.
Esta marcada intencionalidad de favorecer a los genocidas responsables del Terrorismo de Estado tiene varios lamentables antecedentes a lo largo y ancho del país, fue esta misma Cámara la que el año pasado excarceló a Astiz y al Tigre Acosta, dándose el lujo de resolver las formas de cumplimiento de las penas, sin resolver antes el fondo de la cuestión. Desdoblando de esa manera los procesos, descontextualiza las decisiones tomadas por los Tribunales Orales.

El TOF de Tucumán evaluó las declaraciones de testigos, y el riesgo inminente que estos corrían en el caso de que ambos imputados no fueran a una cárcel común.
Albornoz fue el Jefe del CCD Jefatura de Policía (1975-1978) por donde pasaron cientos de tucumanos. Fue acusado de torturar e interrogar de mano propia por testigos en el juicio oral. También le acusaron de violar la prisión domiciliaria y amedrentar a testigos para que no se presentasen a declarar.
Luis De Candido uno de los más feroces torturadores y secuestradores de la Jefatura, fue reconocido por sus víctimas en el marco del juico. Los Sobrevivientes contaron que luego de liberados este policía seguía persiguiéndolos y amedrentándolos.

8 años hace ya de la apertura de las causas por estos aberrantes crímenes, esto es casi una década y en la provincia donde se dio inicio al genocidio mas feroz de nuestra historia solo hubo 2 juicios orales con 5 condenados por aquellos crímenes, 2 de los cuales están en sus cárceles de lujo, en countries.
A 35 años del golpe genocida, Tucumán no solamente tiene que soportar las constantes dilaciones, con megacausas como la de Arsenales que lleva años a la espera de ser elevado a juicio oral, sino que a esto se le agrega que la Cámara de Casación de la nación resuelve mandar a sus casas a los 2 únicos genocidas que cumplían sus condenas en cárceles comunes.

Será Justicia?

H.I.J.O.S. Tucumán en la Red Nacional
(Hijas e Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio)

FA.DE.TUC.
(Familiares de Desaparecidos de Tucumán)

jueves, 6 de enero de 2011

Al Sr Director del Diario Perfil. Derecho a Réplica

3 de enero de 2011
Sr. Director del Diario Perfil
Jorge Fontevecchia


Me dirijo a usted para expresar nuestro agravio y pedido de difusión de la presente Carta por la información que publicó el diario Perfil en su suplemento “El Observador” el 12 de diciembre de 2010.

Bajo el título "La masacre de Margarita Belén. Hace 34 años. La prueba del testigo clave”, y en un recuadro titulado “Un fusilamiento encubierto”, el periodista Vidal Mario incorpora la lista de víctimas y supuestos victimarios, y dos hipótesis sobre el motivo del fusilamiento que se presentan como “opiniones”: 1) Eliminar a sospechosos de haber participado en un operativo contra un regimiento de Formosa el 5 de octubre de 1975 (no es una opinión sino la explicación de los asesinos y sus cómplices); y 2) un objetivo más general: “provocar terror en la población”. Dentro del recuadro se publica una foto de mi marido Néstor Sala, esposado y con el torso desnudo, el pantalón roto y evidentes signos de tortura con el epígrafe: "SALA: Para las FFAA participó en el ataque al cuartel en Formosa".

Ante una consulta a Vidal Mario sobre el origen de la foto y un pedido de referencias sobre la leyenda que lo vincula con un delito, el periodista me respondió que imagen y epígrafe fueron agregadas por el diario, y me remitió al editor Ceferino Reato.

Esa foto fue producida mientras mi esposo era torturado por miembros de la Brigada de Investigaciones de Resistencia, Chaco, en 1975, delitos de los fui testigo directa, y fue extraída de un expediente del Juzgado de Formosa del año 1976.

Las torturas infligidas a mi marido que se prueban con esa foto forjaron un Juicio Oral por crímenes de lesa humanidad cometidos por miembros la Brigada de Investigaciones de la Policía del Chaco entre 1975 y 1978, que concluyó un día después de la nota con la condena a diez policías y dos militares a penas de entre 15 y 25 años de prisión mientras se consustancia el Juicio Oral por la Masacre de Margarita Belén, donde fueron ultimados más de una decena de víctimas, entre ellos mi esposo, y cuyos cuerpos siguen aun desaparecidos, sin reconocer nuestro derecho a hallarlos, identificarlos y a transitar el duelo. Ese juicio está hoy a punto de concluir, donde deseamos que por la acumulación de pruebas calificadas sea una sentencia condenatoria al terrorismo de estado, en este caso a los victimarios citados por la nota (1).

El epígrafe de la foto, sin embargo, no hace ninguna referencia a las torturas sino a la justificación que los asesinos esbozaban mientras gozaban de impunidad y seguramente deben sostener en privado, explicación que por razones anti--inculpatorias no repiten en el Juicio Oral en el Estado de Derecho. Sin mayor información sobre la operación se instituye un “hecho delictuoso” en el imaginario cultural donde la palabra escrita pasa a ser fundamento teórico, o sea se culpabiliza definitivamente a Néstor Sala siendo inocente.

Se induce al lector sin ninguna prueba a vincular un fusilamiento fraguado con la operación citada, decisión que por sí misma implica condenar y criminalizar a ciudadanos indefensos, muertos y/o desaparecidos por las fuerzas armadas que ahora son juzgadas por haber usufructuado al Estado para acometer sometimientos, lesiones mortíferas que devinieron en matanzas abyectas a nuestros seres queridos, con daños gravosos a su condición humana y a nosotros como familiares e hijos sine die… crímenes que son y serán inamnistiables e imprescriptibles

Saludo a usted.

Psic. Mirta Clara viuda de Sala
Familiar de la Masacre de Margarita Belén
Mujeres por la Paz. Berna, Suiza. 2005-2010

1. . El proceso judicial en el Juicio Oral de la Masacre de Margarita Belén es llevado por la querella Dr. Mario Bosch, Secretaría de DH Nación en representación de nosotros como Familiares. También el C.E.L.S. a través de su Director Horacio Verbitsky, la Dra. Carolina Varsky. Participa el Dr. Sergio Quiroz de la Subsecretaría de Derechos Humanos del Chaco, en nombre del Gobierno de dicha Provincia. Y La Liga Argentina por los Derechos Humanos también son querellantes. Y nos acompañan H.I.J.O.S., todos serán informados de la presente carta.

jueves, 30 de diciembre de 2010

La Teología de la Muerte

Por Rubén Dri *
El 23 de diciembre, organizado por la Asociación Madres de Plaza de Mayo, se llevó a cabo el juicio ético a la Iglesia cómplice de la dictadura militar. Se resaltó que el juicio no era a toda la Iglesia ni era contra la fe o contra el cristianismo, sino contra la Iglesia cómplice. Se recalcó que hubo otra Iglesia comprometida, cuyos militantes fueron perseguidos, secuestrados, encarcelados, torturados y “desaparecidos” como todos los militantes populares. En el juicio expuse conceptos centrales de una verdadera Teología de Mal, que ya había expuesto en Teología y dominación y que, por diversos motivos, habían pasado inadvertidos. Varios me expresaron asombro y horror. Me parece, pues, importante reproducir algunos conceptos entonces publicados, previa readecuación al momento presente. Ello echa un poco de claridad sobre los hechos aberrantes que salen a luz a raíz de los juicios a los máximos responsables del genocidio.

Los crímenes de la dictadura militar fueron impulsados por una determinada mística del soldado cristiano que ha sido coherentemente mantenida por los vicarios y el provicario castrense, en el período que va del ’76 al ’83. La concepción de la presencia de “Dios en el soldado”, que defendía el provicario Victorio Bonamín en 1976, es la misma que está presente en la concepción de los militares argentinos como “soldados del evangelio” que sostiene el vicario castrense José Medina en 1982.

Tanto Bonamín como Medina son buenos exponentes de esta concepción del militar cristiano. Pero tal vez sea el vicario y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Adolfo Tortolo, la voz más autorizada. Sus conceptos al respecto son sobrecogedores y permiten en cierta manera comprender la “furia mística” de ciertos militares como Videla. “El cristiano toma en sus manos –como hombre que vive su conciencia sacerdotal– el don de la vida natural y la ofrece a Dios destruyéndose o inmolándose en reconocimiento de la infinita majestad de Dios y en prueba de su entrega definitiva al Ideal. Esto nos lleva a la ofrenda en aras de un Ideal cuya raíz es Dios; al servir a la Patria hasta morir por ella.”

Ya tenemos los conceptos que fundamentarán la mística del soldado cristiano, capaz de morir y de matar: la “Infinita Majestad de Dios”, Dios todopoderoso, el cual exige destrucción o inmolación. Dios es un Ideal que se alimenta de la destrucción de la vida natural. Necesita sangre. De Dios deriva la Patria, que viene a ser una encarnación divina; en consecuencia un Ideal que solo vivirá de inmolación y destrucción.

“El amor a la Patria es sagrado [...] Cristo amó a su Patria, sojuzgada entonces por Roma. Dignificó y santificó de este modo el valor de la Patria. El amor a la Patria, que debe ser generoso y leal en cualquier hombre, debe serlo doblemente en el cristiano. Si morir por la Patria es dulce para cualquier hombre de bien, más dulce lo es para el cristiano que contempla el universo a la luz de la fe, y a la luz de la fe considera el Ideal de la Patria. Este amor a la Patria debe darse en grado eminente y heroico en quienes integran las Fuerzas Armadas de una Nación.” Un amor “en grado eminente y heroico” a un Ideal que exige inmolación y destrucción puede ser terrible, puede llevar a la furia de la destrucción “más allá del bien y del mal”.

Continúa el vicario castrense: “La vocación militar está signada por el riesgo permanente. Riesgo que la Fortaleza espiritual dinamiza y nutre. En las Fuerzas Armadas debe darse una clara y decidida vocación a la muerte como ideal inherente a su más entrañable Ideal Militar, condición ‘sine qua non’ para vivir el sentido heroico de la vida y para realizarse con el plasma que plasma héroes”. La “Fortaleza espiritual”, es decir, la mística que proporciona la legitimación teológica que realiza el vicariato, “nutre y dinamiza” el “riesgo permanente” de los militares, ese jugarse siempre al borde de la muerte que los caracteriza, porque al Ideal Militar le es inherente la vocación a la muerte. Allí está presente la Iglesia con su teología de la muerte para sostener espiritualmente a los caballeros de la muerte.

Pero el vicario castrense no deja de seguir internándose en estas profundas sendas de la mística de la muerte: “El héroe está hecho de renuncias personales, de grandeza de alma, de fe integral, ajena a toda servidumbre espuria. El héroe está situado inmediatamente después que el santo –sin olvidar que todo santo es héroe– así sea héroe con el heroísmo de la humildad y del silencio”. El texto habla de por sí. El héroe, o sea, el militar, viene inmediatamente después del santo, o sea del sacerdote, sin olvidar que todo santo o sacerdote es héroe o militar, el santo y el héroe, la cruz y la espada, la Iglesia y el Estado. El sacerdote u hombre de Iglesia es un santo-héroe y el militar un héroe-santo, anverso y reverso de la misma realidad, con hegemonía del santo pero que sólo puede hacerla valer con la fuerza del héroe.

Luego viene la estremecedora conclusión: “No es necesaria la efusión de sangre para ser héroe. Basta vivir el terrible cotidiano, sin dejar de cultivar la perspectiva de una senda que exija la efusión de sangre”. Creo que no es necesario agregar nada más. Aquí está en toda su trágica dimensión lo sustancial de una Teología de la Dominación, que se manifiesta crudamente como Teología de la Muerte, que sirvió para mantener el espíritu de los militares que sólo mediante un genocidio creían poder volver atrás la historia para revivir los supuestos idílicos tiempos de la perfecta unión entre la cruz y la espada.

La Teología de la Dominación en su versión más acabada de la Teología de la Muerte desarrollada por los vicarios castrenses, con su correspondiente mística del soldado cristiano, debía ser aplicada por los capellanes militares, cuya labor era, como la definió Bonamín, “formar espiritualmente y doctrinariamente a los cadetes y soldados”. Monseñor Antonio Plaza, al estrenarse como flamante capellán de la policía bonaerense, la de Camps, aseguró que la Iglesia brindaría “fortaleza espiritual” a los integrantes de los cuadros policiales y a sus familias “para templarlos ante la adversidad”.

Los capellanes militares junto con los integrantes de las Fuerzas Armadas y policiales, en los centros clandestinos, en sus relaciones con las familias de los militares, eran la cruz junto a la espada, el espíritu que animaba a la materia, lo sagrado que daba sentido a lo profano, es decir, a los secuestros, torturas y desapariciones. En efecto, de acuerdo con la mística que se deriva de la concepción del Dios mayestático que exige inmolación y destrucción, el capellán Mackinnon podía invocar a Dios “para que nuestro uniforme no tenga otra mancha que la de la sangre propia o ajena derramada por una causa justa; porque esta sangre no mancha, dignifica”.

Esta acción mostró su eficacia en los centros clandestinos. Hay testimonios sobre la existencia de interrogadores cursillistas, además del conocimiento que tenemos de la existencia de toda una brigada que llevaba el nombre de “Colores”, el himno del cursillismo, cuyo representante principal, apellidado precisamente Colores, se caracterizaba por la manera en que gozaba las torturas. Había militares que en los centros clandestinos usaban el rosario, militares torturadores que se consideraban cruzados, inquisidores, enviados de Dios en contra de los diablos; torturadores que interrogaban sobre la fe de sus víctimas; y por supuesto la continua proclamación de “los valores occidentales y cristianos” por los que se lucha.

* Profesor consulto de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Los abusos sexuales y las violaciones, dentro del marco del plan represivo

En el marco de la megacausa Arsenales, el juez Bejas atribuye a los jefes militares responsabilidad directa sobre los delitos sexuales cometidos contra las mujeres que estaban desaparecidas.

La sentencia dictada por el juez federal Daniel Bejas en la causa Arsenales señala, por primera vez en las causas de delitos de lesa humanidad, a los abusos sexuales y la violación de las mujeres detenidas como parte del plan sistemático de exterminio que llevó adelante la dictadura militar entre los años 1976 y 1983.

En este sentido Bejas sostiene que "la comisión de delitos sexuales en el contexto del terrorismo de estado vigente en nuestro país entre 1975/1983 fue relevada por la CONADEP y plasmada en su informe, donde se documentaron la comisión de homicidios, violaciones sexuales, torturas, extorsiones, saqueos y otros graves delitos perpetrados en el marco de la persecución política e ideológica (Informe CONADEP “Nunca Más”).

Sigue la sentencia: "No obstante el marco de la acusación, la Cámara Federal al emitir sentencia consideró demostrado que “las órdenes impartidas dieron lugar a la comisión de un gran número de delitos de privación de libertad, a la aplicación de tormentos y a homicidios. Asimismo, se ha evidenciado que en la ejecución de los hechos, los subordinados cometieron otros delitos que no estaban directamente ordenados, pero que podían considerarse consecuencia natural del sistema adoptado” (Sentencia Causa 13/84, Capítulo Séptimo, Punto 1).

Y expresa demás: "Los delitos sexuales denunciados por las víctimas en sus testimonios, no fueron objeto de acción penal habiendo permanecido invisibilizados hasta fechas recientes… Consecuentemente, este magistrado considera que el análisis de la comisión de delitos sexuales en la presente megacausa, resulta imperativo a la luz de la obligación internacional de investigación y juzgamiento de violaciones a los derechos humanos a cargo del Estado Argentino (art. 1.1. de la CADH)."

Para Bejas, "la violencia contra una persona en base a su género y especialmente la violencia sexual dirigida contra mujeres y niñas no es un fenómeno nuevo en la historia de la humanidad, no obstante la adopción de medidas tendientes a su investigación y juzgamiento en el ámbito internacional y en los ámbitos nacionales se ha emprendido con seriedad recién a fines del S XX. Con anterioridad, los delitos de género fueron considerados como daños colaterales a la guerra y su persecución fue dejada en segundo planto, lo que aparejaba la impunidad de sus autores. La percepción de la gravedad de estos delitos y de sus consecuencias negativas en la reinserción de mujeres victimas de violencia en conflictos armados internacionales e internos, fue visibilizada a partir del trabajo efectuado por los Tribunales Penales Internacionales Ad Hoc para Ruanda y la ex Yugoslavia, quienes plasmaron, investigaron y juzgaron los actos de violencia con base en género y de índole sexual, imponiendo un avance sumamente importante en la lucha contra la impunidad por crímenes basados en el género."

"La perspectiva de género se introduce por primera vez en la jurisprudencia de la Corte IDH a través de la sentencia de fondo emitida en la causa “Castro Castro”. La Corte IDH, en el caso citado considera demostrado que durante los conflictos armados internos e internacionales las partes que se enfrentan utilizan la violencia sexual contra las mujeres como un medio de castigo y represión. La utilización del poder estatal para violar los derechos de las mujeres en un conflicto interno además de afectarles a ellas en forma directa puede tener como objetivo causar un efecto en al sociedad a través de esas violaciones o dar un mensaje o lección."

"Paralelamente, en la causa “Campo Algodonero” la Corte IDH avanza sobre los conceptos vertidos en el precedente citado y establece la responsabilidad del Estado por “haber permanecido indiferente frente a una situación crónica de violencia… ante la existencia de una cultura de discriminación contra la mujer”. Para la Corte IDH el Estado es responsable por los actos cometidos por particulares atento su condición de garante respecto del riesgo de violencia basada en género: teoría del riesgo creado (art. 7 de la Convención de Belén do Pará)."

"En tal sentido y como fuera desarrollado en el Juicio a las Juntas, el plan de represión ejecutado por la dictadura militar habilitó la comisión de ilícitos que no estaban directamente ordenados, pero que podían considerarse consecuencia natural del sistema de clandestinidad adoptado (Sentencia causa 13/84 capítulo séptimo)."

"De lo expuesto cabe concluir que, durante la vigencia del terrorismo de estado, la violencia de género no fue producto de desviaciones particulares, sino ejercida en forma sistemática como el resto de los delitos investigados, por lo que corresponde ingresar al análisis de la prueba incorporada en la presente megacausa a efectos de verificar la comisión o no de las conductas descriptas en los tipos penales de abuso deshonesto y violación sexual."

"Atribución de los delitos sexuales (Apartado 6.4): Los delitos sexuales, específicamente, el delito de violación, fueron tradicionalmente definidos como “delitos de propia mano” en razón de considerarse que se requería para su comisión la realización corporal, es decir “que sólo pueden ser llevados a cabo mediante la propia ejecución corporal de las acciones típicas” (ROXIN, C., Autoría y dominio del hecho en Derecho Penal, Marcial Pons, Madrid-Barcelona, 1998, p.443)."

"La calificación de los delitos contra la libertad sexual como delitos de propia mano, si bien puede considerarse como mayoritaria, se encuentra actualmente cuestionada en la doctrina, particularmente desde quienes defienden la teoría objetivo material del dominio del hecho, y sobre la base de una adecuada concepción del bien jurídico protegido".

Conforme tal perspectiva, autor de este delito será quien domine el hecho, es decir, quien tenga el poder de decidir o determinar la configuración central del acontecimiento, porque puede detener o proseguir la realización del suceso íntegro; y partícipes serán quienes realicen aportes sin ese poder. Consecuentemente, cabe concluir que la figura penal admite todas las formas de autoría (individual, mediata, coautoría paralela y funcional) y participación (complicidad e instigación) (Cfr. Javier De Luca y Julio López Casariego, Ob. Cit)".

"Conforme tales conceptos podría concluirse, en primer lugar, que los delitos sexuales cometidos por subordinados contra detenidos/as clandestinos/as, si bien no habrían conformado el conjunto de ilícitos directamente ordenados por las Fuerzas Armadas, si habrían conformado el conjunto de delitos a producirse como consecuencia natural de la clandestinidad del sistema y de la garantía de impunidad vigente."

"En dicho marco cabe afirmar que aquellos imputados que poseían capacidad de decisión conforme su ubicación en la cadena de mandos, tanto de las Fuerzas Armadas como de las fuerzas de seguridad, habrían prestado una colaboración imprescindible para la comisión de tales ilícitos al amparo de tres decisiones que sí habrían conformado directamente el plan criminal:
(i) la clandestinidad de la detenciones;
(ii) la autorización relativa a que los/las detenidos/as clandestinos sufran condiciones inhumanas a fin de quebrar su resistencia moral;
(iii) la garantía de impunidad para los ejecutores."

21 genocidas procesados por genocidio

Siguen los regalos de Navidad. El juez Bejas ordenó el procesamiento a 21 genocidas, y para algunos el inmediato traslado a un alojamiento penitenciario, la cárcel de Villa Urquiza, en el marco de la megacausa Arsenales II, que fuera el centro clandestino de detención y exterminio más grande del NOA, por donde se estima pasaron alrededor de 3000 personas. Entre los procesados se encuentran militares, gendarmes, policías, civiles y un cura.

UN CONOCIDO ESCRIBANO TUCUMANO DETENIDO POR CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD

El juez federal Nº 1 de Tucumán, Daniel Bejas, decidió procesar y dictar la prisión preventiva el escribano Juan Carlos Benedicto, titular del Registro Notarial Nº 25 de San Miguel de Tucumán como autor material de delitos de lesa humanidad en el marco de la causa denominada Actuaciones Complementarias ARSENALES MIGUEL DE AZCUÉNAGA Centro Clandestino de Detención s/Secuestros y Desapariciones (Expte. 443/84). La escribanía está ubicada en calle Buenos Aires 325.

Bejas dispuso que Benedicto sea alojado en la cárcel de Villa Urquiza en una sentencia que marca un hito debido a que entre los responsables del genocidio cometido en nuestro país durante la dictadura militar del período 1976-1983, se imputa a un civil como responsable de los delitos de torturas seguidas de muerte. Benedicto fue señalado por testigos como el autor de la muerte de dos mujeres, una de las cuales estaba embarazada al momento de su asesinato.

La "Causa Arsenales" contiene otros aspectos relevantes como atribuir responsabilidad a los jefes militares sobre las violaciones y abusos sexuales contra las mujeres detenidas en una resolución sin precedentes y la participación de un sacerdote de la Iglesia Católica, José Eloy Mijalchyk, como partícipe secundario de lo que la sentencia describe como el circuito represivo o circuito de la muerte dentro del plan sistemático de aniquilamiento de los opositores políticos al régimen militar.

En uno de los tramos de la sentencia que cuenta con más de 400 páginas, se destaca que "a la luz de la prueba obrante en la causa, puede concluirse que el centro clandestino que habría funcionado en el predio del Arsenal Miguel de Azcuénaga se configuraría como un centro de detención emblemático y funcionalmente determinante en el cumplimiento del plan de represión puesto en marcha en la provincia de Tucumán, habiendo funcionado como destino final del circuito represivo".

También se describe la manera en que operaba el centro clandestino y qué organismos del Estado participaban como cuando sostiene que "habría existido una relación funcional entre el centro clandestino de detención que habría sido montado en el Arsenal Miguel de Azcuénaga y el Destacamento de Inteligencia 142 del Ejército, el Regimiento 19 de Infantería de Tucumán y Gendarmería Nacional". El destacamento 142 del Batallón 601 de Inteligencia contaba con la participación de numerosos civiles entre los que se cuentan los periodistas Osvaldo "Cacho" García y Roberto Alvarez, así como el actual juez de Concepción, Jesús Carlos Pellegri y que fuera denunciado en el mes de marzo por eldiario24.com tras desclasificarse archivos secretos del Ministerio de Defensa.

La lista total de procesados en esta nueva megacausa la integran además del escribano Benedicto y el sacerdote Mijalchyk, Roberto Heriberto Albornoz (autor material), Pedro Osvaldo Caballero (encubrimiento), Camilo Ángel Colotti (autor mediato), Adolfo Ernesto Moore (autor mediato), Ariel Orlando Valdivieso (autor mediato), Carlos Eduardo Trucco (autor mediato), Ernesto Rivero (partícipe primario), Ramón Alfredo Ojeda Fuente (partícipe primario), Alberto Héctor Rafael Montes de Oca (partícipe primario), Fernando Torres (partícipe primario), Marcelo Omar Godoy (autor material), Celso Alberto Barraza (autor material), Ernesto Alais (autor mediato y partícipe primario), José Carlos Sowinski (partícipe primario), Hugo Enzo Soto (encubrimiento), Tomás Adolfo Güemes (autor material y partícipe primario), Luis Orlando Varela (autor mediato y partícipe primario), Augusto Leonardo Neme (autor mediato) y Miguel Alfredo Manuel Paz (autor mediato).

Los delitos que se les atribuyen a los procesados fueron cometidos contra HOLMQUIST Luis Adolfo, FERNÁNDEZ Enrique Raúl, CORRAL Ana Cristina, CAMPOPIANO César Gustavo, MEDINA Celia Georgina, CAMPOPIANO Julio César, NIEVA Oscar René, YACKEL Ernestina Teresa; BARRIONUEVO Mario, BARRIONUEVO Antonia del Valle, DÍAZ SARAVIA José Horacio, GUERRERO DE DÍAZ SARAVIA Teresa Mercedes, OSORES Carlos Raúl, RONDOLETTO Pedro, CENADOR DE RONDOLETTO María, RONDOLETTO Silvia Margarita, RONDOLETTO Jorge Osvaldo y BERMEJO DE RONDOLETTO Azucena.

Tambien pasaron y sufrieron tormentos por Arsenales, GONZÁLEZ GALLO María Celestina, ARGAÑARAZ Rosario, ARGAÑARAZ Miguel Alberto, GONZÁLEZ TOLEDO Víctor Hugo, SOLDATI Luis Alberto, IRAMAIN María Trinidad, QUINTEROS René Manuel, CORBALÁN Félix Viterbo, DÍAZ MACÍAS Enrique Gonzalo, AUGIER Alberto Argentino, JIMÉNEZ DE SOLDATI María Isabel, SAADE SAIEG Antonio Naief, BUSTAMANTE Juan Carlos, BERÓN Oscar Rafael, SOSA DE REYNAGA Ana María, MANFREDI Ángel Vicente, MEDINA GUTIÉRREZ Ángel Alfonso, FOTE Fortunato Leandro, MÁRQUEZ Damián Octavio, RODRÍGUEZ Juan Faustino, RODRÍGUEZ Pedro Ricardo, JUSTO Héctor Oscar y PALMIERI DE CERVIÑO Matilde de los Ángeles.

Otras víctimas fueron ACUÑA Baltasar, BARRIONUEVO Nemesio Humberto, ALMERICO José, GÓMEZ Juan de Dios, GODOY Enrique, DÍAZ Manuel Julio, PEREYRA Beningno Alberto, ALARCÓN Rina Rosa, DÍAZ Alberto, OLIVERA Manuel Eugenio, FÜRTH Federico Adolfo, GIRIBALDI Osvaldo José Gregorio, FALÚ Luis Eduardo, GONZÁLEZ Hernán Eugenio, VACA RUBIO Raúl Alberto, RODRÍGUEZ ROMÁN DE FIAD María Cristina, YAÑEZ Rafael Vitalino, SAFAROV Víctor Hugo, SÁNCHEZ María Teresa, ARCHETTI Armando, CANO José Antonio, DEL CASTILLO Julio Arnaldo, SÁNCHEZ Enrique Alberto, FOCHI Gustavo Adolfo, MORALES Reyes Humberto, LERNER Rodolfo Hugo, CARRERAS Juan Francisco y GONZÁLEZ Humberto Alfredo.

Otras víctimas de Arsenales fueron LORENZO LERMA Andrés Héctor, PASTORI Juan Carlos, CRUZ Ernesto José Segundo, CHAPARRO Santos Aurelio, IÑÍGUEZ Gloria del Valle, BRIZUELA Ramón, CORONEL Alfredo Antonio, CARABAJAL Ercilia Dolores, HOYOS Blanca, ABAD Julio Ricardo, ALDERETE SORIA Alejandro Federico, ALDERETE Víctor Fernando, CAJAL Nora Alicia del Valle, FABIO Diana Elsa, QUINTEROS Juan Manuel, MAZZAMUTO DE ROMERO María Angélica, ROMERO Roberto, ROMERO Antonio Raúl, SUÁREZ Julio Guillermo, SUÁREZ Manuel Humberto, MONASTERIO Francisco Carlos, MOYANO María Candelaria, HAZURÚN Teresita Cándida, MÉNDEZ BRANDER Ángel Adolfo, LASKOWSKI María Margarita, CANTOS Anabel Beatriz, CANTOS Luis y CANTOS Germán.


FUENTE: www.eldiario24.com



EL CURA DE LOS GENOCIDAS


En el marco de la causa "Arsenales II"declaró como imputado el Padre José Eloy Mijalchyk, que -como lo denunció ContraPunto en Julio de 2009- habría sido cómplice de los delitos cometidos en ese lugar. Es el primer miembro de la iglesia acusado en Tucumán en el marco del genocidio de la última dictadura militar. A pesar de esto, sigue ejerciendo como sacerdote en la Iglesia San José Obrero de El Colmenar. La participación cómplice de sectores no militares en el plan de genocidio vuelve a ser puesta sobre el tapete.

Según la acusación de la Fiscalía Federal, el Padre José Eloy Mijalchyk fue de hecho el capellán del Centro Clandestino de Detención (CCD) Arsenal Miguel de Azcuénaga entre 1976 y 1977. Está imputado como colaborador de la dictadura militar y fue citado ante el Juzgado Federal nº1, donde prestó declaración indagatoria el 10 de noviembre de 2010.


Después de repasar los antecedentes que marcaron la postura de la Iglesia en esa época negra de la historia argentina, Bejas concluyó lo siguiente: “producido el golpe militar en marzo de 1.976, la cúpula institucional de la Iglesia Católica Argentina se habría constituido en un actor relevante en la legitimación del proceso político y social impuesto por el gobierno de facto, e inclusive habría prestado colaboración para garantizar la ejecución del plan puesto en marcha por las Fuerzas Armadas –ignorando denuncias de los familiares y omitiendo interceder para determinar el destino de las personas que desaparecían-“.


El “Padre Pepe” está imputado como partícipe penalmente responsable de los delitos cometidos en perjuicio de Félix Viterbo Corbalán (privación ilegitima de la libertad y tormentos, homicidio calificado), María Angélica Mazzamuto de Romero, Roberto Romero y Antonio Raúl Romero (privación ilegitima de la libertad y tormentos en las tres ocasiones), ejecutando éstas conductas como parte de una asociación ilícita calificada. “Hay motivos para pensar que se trata de una persona que efectuó un aporte que representó una cooperación para la comisión de tales delitos y por ello debe vinculárselo con estos ilícitos” manifiesta en su pedido de indagatoria Emilio Ferrer, fiscal interviniente hasta su jubilación en octubre de 2010.



La declaración del cura llevó al fiscal federal Emilio Ferrer, quien estuvo a cargo de la investigación, a indagar sobre la postura de la Iglesia en ese entonces y constató que el espíritu de las autoridades eclesiásticas era “cooperar” con el gobierno de facto. “En su carácter de presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (Adolfo Tortolo), llegó a defender en las asambleas episcopales el uso de la tortura, extrayendo argumento de teólogos y pontífices medievales (Diario La Nación, 25 de marzo de 1976, “Posición de la Iglesia ante el nuevo gobierno”; www.nuncamas.org/formularios )”, enfatizó el magistrado.

“¿Qué dictadura?”
En su declaración como imputado realizada en noviembre último ante la Fiscalía Federal. El religioso negó conocer a las personas y causas por las está imputado (salvo a Félix Corbalán por terceros) y desconocer el rol que cumplía en la última dictadura la iglesia.

Contrariamente a esta posición, en su declaración ante la justicia del 20 de diciembre de 1986 Mijalchyk tenía un discurso afín a la dictadura y justificaba el plan sistemático de exterminio. Textualmente manifestó que “sabía perfectamente de la forma en que se movían estas organizaciones, ya que tuvo oportunidad de conversar con personas que lo contaban. Todo esto trajo aparejado que el PEN transformara a Tucumán en Zona de Operaciones para poder luchar con posibilidades de éxito contra las fuerzas irregulares que mantenían en vilo a la población”. Conocía esto no solo “como ciudadano” sino también por “sus funciones como sacerdote”, según u propio relato.

El rol del “Padre Pepe”
Desde 1968 y hasta la actualidad, el Padre Pepe sigue a cargo de la parroquia San José Obrero de El Colmenar. El 18 de mayo de 1982 fue nombrado Capellán Auxiliar del Regimiento 19 de Infantería de Tucumán por su propio pedido. En ese rol el 24 de septiembre de este año ofició como prelado en los festejos de la Virgen de la Merced, patrona del ejército.


Marcos Taire, periodista tucumano, escribió en una nota del portal Argenpress que un prisionero, mientras realizaba tareas ordenadas por sus captores, se topó con Mijalchyk. Aprovechó la oportunidad para preguntarle si no iba a rezar por ellos, a lo que el cura respondió "para lo que les va a servir".


El portal de noticias Contrapunto consigna que "en marzo del 2006, el papa Benedicto XVI otorgó el título de "Prelado de Honor de Su Santidad" a José Eloy Mijalchyk. La distinción pontificia, por las que empezó a recibir el tratamiento de "monseñor", fue por "los servicios ministeriales prestados" a la arquidiócesis de Tucumán. La información agrega que "las denuncias interpuestas contra el Padre Pepe son del año 2005, por lo que la cúpula eclesiástica premió a un sacerdote sospechado judicialmente de delitos de lesa humanidad. Es presentado como sacerdote de la arquidiócesis de Tucumán y capellán castrense del Ejército Argentino por la página del Arzobispado provincial".
"Actualmente, celebra misas todas las semanas en la parroquia San José Obrero de El Colmenar, ante la atenta mirada de vecinos que no sospechan del oscuro pasado de quien les dicta principios morales y mensajes divinos", destaca Contrapunto.

En su solicitud de indagatoria, la Fiscalía afirma que el accionar y la presencia de Mijalchyk “contribuyeron a la formación de la atmósfera de apoyo, fomento, cobertura, clandestinidad e impunidad que imperaba en el centro clandestino dentro del cual cometieron los delitos”. Ferrer consideró probado que el cura era un “capellán de hecho”, antes de ser nombrado formalmente. Circulaba libremente por el CCD. Además tenía “contacto directo con las personas que sufrían el cautiverio en la denigrantes condiciones que han sido ya descriptas y teniendo respecto de los guardias un grado de superioridad que se explicitaba en su libre deambular por el centro”. El sólo hecho de permanecer las personas en estos centros clandestinos de detención y tortura durante el terrorismo estatal, ya implica tortura.
El rol de Mijalchyk era ayudar, apoyándose en su condición de religioso, al quebrantamiento de la voluntad de las personas en cautiverio y ayudar en los interrogatorios. Al igual que el rol jugado por Von Wernich en La Plata, la presencia de un religioso legitimaba en cierta forma lo que allí sucedía. Según la fiscalía federal “tenía un rol específico y las funciones que le tocó desempeñar en el esquema represivo del CCD Arsenal Miguel de Azcuénaga marcan un conocimiento del plan criminal en marcha y su intención de favorecer al mismo ofreciendo su especial participación en un rol clave”.

Los documentos de Juan Carlos Clemente
Durante el juicio por el CCD de Jefatura que se celebró entre febrero y julio de este año, un testigo puso a disposición de la justicia una importante cantidad de documentos que sustrajo del Servicio de Información Confidencial (SIC) de la Policía provincial. Dos sendas carpetas conteniendo papeles que fueron sustraídos a fines de 1977.
Los mismos dan cuenta de listas de desaparecidos, nóminas de cadáveres, informes de inteligencia, declaraciones bajo tortura, comunicación formal entre la patota, entrega de cadáveres, informes de empresas azucareras sobre sus empleados, informes de la UNT sobre sus docentes y estudiantes, entre otras.
Es en esta prueba en donde también figura José Eloy Mijalchyk, como colaborador de la policía provincial ayudando a identificar a posibles militantes o personas vinculadas a las organizaciones revolucionarios o guerrilleras o que simplemente resultaran sospechosas de estar en contra de la dictadura militar. “Esto es cosa de los zurdos”, dijo el cura en declaraciones a Clarín, y sin ponerse colorado agregó que “los zurdos hace rato que me quieren agarrar, porque soy capellán castrense y le doy asistencia espiritual al general Menéndez, como se la di a Zimmermann y Cattáneo hasta que se murieron y a Bussi hasta que lo trasladaron”. Este caso es una parte más de prueba de que la dictadura fue cívico-militar y se llevó a cabo con un plan sistemático de exterminio, del que participaron además de los militares civiles, policía, empresarios, sectores de la justicia y de la iglesia.



"Como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar"

H.I.J.O.S. Tucumán
nacimos en su lucha, viven en la nuestra

NI OLVIDO NI PERDÓN
JUICIO Y CASTIGO

jueves, 23 de diciembre de 2010

Y TODO EL AÑO ES CARNAVAL!!!

Y llegó un día en que la inefable gaceta tituló así...


porque hace tiempo aprendimos que lo imposible sólo tarda un poco más, y porque desde hace tiempo construimos este día, estos días de un poco de justicia, de felicidad conquistada en la lucha, porque hoy los viejos sonrien junto a nosotros, estas si que serán unas felices fiestas y un próspero año nuevo!!
SALÚ CARAJO!!!

EL ABRAZO DE LA JUSTICIA
Por Marta Dillon
Si la Justicia tiene un largo brazo, ayer fue capaz de rodearnos a todos. A las mujeres de pañuelo blanco, manos tomadas y brazos en alto en señal de victoria, a la chica que se había pintado en la cara la leyenda Nunca más, a los ex presos políticos que levantaron para las cámaras una bandera discreta hecha de tela y aerosol, a esa madre y esa hija que lloraron abrazadas mezclando lágrimas y sudor y la risa, también, por poder estar juntas en ese momento. El dictador ha sido condenado. El Tribunal Oral Número 1, de Córdoba, dispuso su inmediato traslado a una unidad penitenciaria federal. En la sala donde transcurre el juicio estallan los aplausos, el juez que lee la condena pide silencio y parece hablarles también a quienes, a 700 kilómetros de distancia, en pleno microcentro porteño, se desbordan frente a una pantalla gigante que replica la sentencia. Taty Almeida se saca su pañuelo blanco y hace un dibujo con él en el aire, como si fuera un paso de zamba, envuelve con él a Estela de Carlotto. Madre y Abuela de Plaza de Mayo, como si este acto de justicia hubiera borrado algunas de las trazas del tiempo, bailan dando saltitos convertidas en adolescentes. Una condena no puede borrarlo todo, pero sin duda desarticula en este acto tantos años de impunidad.
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Alba Lanzilotto, con la imagen de sus dos hermanas desaparecidas en el pecho, Ana María y María Cristina, cuenta una anécdota mientras agita su abanico. Se trata de una Madre, así con mayúsculas, que después de años de estar sumida en la inconsciencia el martes tuvo un instante de lucidez. Y entonces uno de sus hijos le dijo: “Mamá, los estamos juzgando, acaban de darle perpetua al Turco Julián”. La mujer lo escuchó y agradeció: “Que alegría estar viva para poder ser testigo de este momento”. Al rato la Madre volvió a su inconsciencia. “Yo no puedo festejar –dice Alba–, no me sale la euforia. Pero sé perfectamente que estas condenas son un remedio, un remedio para curar al país y a muchas personas individualmente.” Cuando desde la pantalla montada en el auditorio Emilio Mignone, de la Secretaría de Derechos Humanos, se escuchó la sentencia a Videla, Alba apretó los párpados con fuerza y acarició amorosamente las fotos colgadas sobre su pecho.
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Después del pasaje a la cárcel que sacó el dictador Jorge Rafael Videla, el hombre que lleva el nombre de dos muertos –dos hermanos que lo precedieron–, el tipo del bigote tupido y la raya al costado que en 1977, cuando muchos todavía estaban vivos, se jactó en rueda de prensa de que “los desaparecidos no están ni vivos ni muertos, son una entelequia, están desaparecidos”, el mismo hombre que años después, amparado por el indulto que le regaló Carlos Menem –y unos cuantos secuaces, es cierto–, le dijo a un periodista –según consta en el libro El Dictador, de María Seoane y Vicente Muleiro–, “Pongamos un número, pongamos cinco mil. La sociedad argentina no se hubiera bancado los fusilamientos: ayer dos en Buenos Aires, hoy seis en Córdoba, mañana cuatro en Rosario, y así hasta cinco mil. No había otra manera. Todos estuvimos de acuerdo en esto. Y el que no estuvo de acuerdo se fue. ¿Dar a conocer dónde están los restos? Pero, ¿qué es lo que podemos señalar? ¿El mar, el Río de la Plata, el Riachuelo? Se pensó, en su momento, dar a conocer las listas. Pero luego se planteó: si se dan por muertos, en seguida vienen las preguntas que no se pueden responder: quién mató, dónde, cómo”. Después del turno de ese hombre, llegó la condena a Luciano Benjamín Menéndez, el señor de los cuchillos. Se escuchó la ristra de delitos de los que fue hallado culpable. Se escucharon las palabras mágicas que conjuran la impunidad: prisión perpetua, inhabilitación perpetua, más accesorias y costas cual broche legal para un destino que se agota en el encierro. Tuvo mejor suerte el autodenominado “soldado victorioso ante la guerrilla marxista”. A él le tocará una junta médica que evaluará si está en condiciones de seguir a Videla a una cárcel común. Menéndez tiene un extraño record, ésta es su quinta condena a prisión perpetua. Un chico con una remera que pide “Juicio y Castigo” apunta: “Ojalá le alcanzara la salud para morir en la cárcel”. No es un deseo piadoso. Es un deseo acunado por tantos años de espera de actos de justicia como el que sucedió ayer.
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Eduardo Jozami pasó por cinco penales durante la dictadura, de Devoto a Rawson, recorrió medio país mediante traslados intempestivos y arbitrarios. No lo dice, pero como cualquier otro preso político debe haber visto compañeros morir en la cárcel. Para él, este juicio, estas condenas que siguen sucediéndose en la voz monocorde del juez cordobés tienen el peso específico de dar cuenta de cómo la represión era un entramado del que participaba todo el Estado, aun en sus estratos burocráticos. “Esta es una reivindicación también a los presos políticos”, lo alienta Lita Boitano, de Familiares de detenidos y desaparecidos por razones políticas. “Porque a veces parece que los presos no lo pasaron tan mal como otros, que la cárcel ya era lo mismo que sobrevivir”, insiste Lita, con una sonrisa emocionada. Ni falta que hace la jerarquía entre las víctimas, aunque si lo menciona es porque algo se cae en esa grieta. Será que la profundidad de las heridas se parece a la penumbra y todavía falta mucho por decir, por hacer, por juzgar, por reparar. De eso también se trata la justicia, aun lenta y con cuentagotas. Además de las condenas, lo que se ha dicho en este juicio quedará escrito con la letra de molde que impone la ley. Y podrá ser consultado por muchas generaciones en adelante.
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El silencio conquista la sala mientras la lectura de la sentencia avanza, morosa, formal, reiterativa. Indiferente a lo que significan frases como “imposición de tormentos agravada por la condición de perseguida política de la víctima” para muchas personas en este auditorio, frente a las puertas del Tribunal en Córdoba y en tantos otros lugares del país. Describen, ni más ni menos, que la planificación de una masacre. Describen también eso sin nombre que atravesó alguien querido, un hijo, una madre, un hermano a quien se buscó, por quien se reclamó, que sigue haciendo falta. Esa reiteración del tormento, tormento agravado, tormento seguido de muerte, como un martillo neumático que golpea cada vez con más fuerza. Tal vez se trate de alivio esa manera de aplaudir y festejar cada vez que la descripción de los hechos se traduce en una condena.
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Hay medialunas y sanguchitos en el auditorio, hay mate, café con leche, bebidas frescas para una tarde de calor arrasador. Agueda no come ni bebe. Basta que se la mire a los ojos para que una pequeña inundación se instale entre sus párpados. Ella no es de las que festejan, no puede hacerlo aunque está ahí para escuchar con otros y con otras cómo la Justicia se abre paso. Sus padres, Luis Goyochea y Nelly Moreno, fueron desaparecidos en Córdoba. Ya fue testigo de otra condena a Luciano Benjamín Menéndez, ese general ultranacionalista que en los primeros años de la democracia todavía se sentía con el poder suficiente como para sacar su cuchillo militar y empuñarlo contra quienes lo repudiaban en una de sus tantas visitas a un juzgado. Menéndez, comandante del Tercer Cuerpo de Ejército, amo y señor del Campo Clandestino de Detención y Exterminio de La Perla, donde la mamá de Agueda fue asesinada, irá a la cárcel o donde sea que terminen sus huesos según la junta médica sin decir todo lo que sabe sobre el destino de tantos. Y eso es algo que a Agueda le cuesta digerir. O mejor, es algo que le duele. Que no hablen o que hablen para soltar su discursito del soldado heroico. Sin embargo, ella sabe, como saben otras “hijas” –así de fácil es nombrar a quien tiene a su padres desaparecidos, diciendo “soy hija”, porque el vínculo es algo más que una obviedad, es un relato político– que la rodean, que hay pesadillas que empiezan a disiparse, como esa de encontrarse en la calle con un represor y no saber qué hacer, qué decirle. En ese grupo de cuatro, todas tienen algo que contar. La vez que se cruzaron con Astiz, la vez que Lucía se descompuso sólo de ver al Turco Julián sentado en un bar en Corrientes. Eso, al menos, ya no va a suceder.
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Al celular de quien escribe llegan muchos mensajes cuando ya se cuentan 16 prisiones perpetuas en el juicio por el fusilamiento de 31 presos políticos en Córdoba. La mayoría dicen poco; cosas como “abrazo fuerte”. Debería corregirme, eso está lejos de ser poco; al contrario, da cuenta de un entramado de afecto que se brinda de muchas maneras, que comparte eso mismo que sucede acá, en este auditorio, donde Madres, Abuelas, ex presos políticos, algún funcionario, muchos militantes jóvenes: la alegría de saber que algunas consignas son más que eso, son un objetivo a cumplir. Y esa que decía “cárcel común, perpetua y efectiva para los asesinos, sus cómplices y sus instigadores” y que los chicos y las chicas de HIJOS saben corear con ritmo, morosamente y con cuentagotas, está empezando a cumplirse. Con el insoportable costo de la desaparición de Julio López y el asesinato de Silvia Suppo, también presentes, también dolorosamente ausentes. Desde la pantalla se escucha la voz:

“El juicio ha terminado”, dice y enseguida se escucha el grito que subraya tantos actos: 30 mil compañeros desaparecidos ¡presentes! El abrazo de la Justicia esta vez es tan largo y tan cálido como fue frío e intransigente con quienes debió serlo.

30.000 Compañeros detenidos desaparecidos
PRESENTES!!
AHORA Y SIEMPRE!!

Una ley operativa es necesaria

Por María Julia Albarracín

En el avance de las causas por delitos de Lesa Humanidad cometidos durante la última dictadura militar persiste la necesidad de garantizar la protección de testigos, querellantes, abogados y militantes de organizaciones sociales. En este camino desaparecieron Julio López, hecho aberrante que tuvo la clara intención de amedrentarnos. Esto adquirió la atención de la clase política, que recurre al intento de adaptar la "Ley Nacional 25.764", denominada "Programa de Protección a testigos e imputados", creada para garantizar la seguridad de testigos de delitos vinculados al crimen organizado y al narcotráfico. Esta es la ley que se viene aplicando a personas que guardan en sus testimonios historias de lucha por reconstruir la memoria de todos los argentinos, quienes no tienen intención de ocultarse ante las amenazas, son víctimas pero no han sucumbido.

Tucumán, sancionó en 2.006 la ley 7.860, que crea el "Departamento de Protección de Testigos" en el ámbito del Poder Ejecutivo. Es una norma general que está a la espera de ser reglamentada por el Gobernador y de una partida presupuestaria que la ponga en marcha.

El panorama es complejo y la ley no ha sido el marco para resolver situacions de amenazas enTucumán, sin embargo la ausencia legal no nos ha detenido en la marcha de este juicio que se avecina, lo que es una gran ,muestra de fortaleza, de esperanza y el resultado de la perseverancia en la búsqueda por la verdad, el juicio y el castigo.



JUICIO Y CASTIGO

Contamos con un area de Legales, Investigacion y Comunicacion que se avoca exclusivamente al trabajo de enjuiciar a los represores. Investigamos para construir la verdad historia y aportar pruebas judiciales que nos permitan condenar a los imputados de los delitos de lesa humanidad en nuestra provincia. En este trabajo confluyen dos lineamientos generales de la organización: la reconstrucción histórica y el juicio y castigo. Entendemos que estos comlejos procesos judiciales deben ser acompañados de una fuente política de comunicación, para lo cual trabajamos elaborando distintos productos y propuestas. Si querés contactarte con nosotros para aportar información o realizar alguna consulta vinculada con estos trabajos escribinos a: hijostucuman@yahoo.com